Este cartel es un homenaje visual a Jefferson Airplane, una de las bandas más representativas de la psicodelia y la contracultura de los años 60. La ilustración se inspira en su universo sonoro: lo onírico, lo expansivo y lo sensorial, donde la música se convierte en experiencia más que en simple escucha.
El diseño busca traducir ese imaginario a un lenguaje gráfico, jugando con formas fluidas, simbolismo y una atmósfera casi alucinada. La intención no es retratar a la banda de manera literal, sino evocar su espíritu: libertad, viaje interior y ruptura con lo normativo. Un cartel como puerta de entrada a un estado, más que a un concierto.



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