Este bestiario ha sido realizado en linóleo, explorando el grabado como lenguaje expresivo para representar criaturas simbólicas asociadas a las cuatro estaciones del año. Cada pieza encarna una energía distinta —primavera, verano, otoño e invierno— a través de formas híbridas entre lo animal y lo imaginario.
El trabajo con el linóleo, desde el corte hasta la impresión, aporta una materialidad cruda y orgánica que dialoga con los ciclos naturales: lo que nace, lo que se expande, lo que cae y lo que reposa. El proyecto propone una lectura poética del tiempo, donde las bestias no son monstruos, sino metáforas vivas de los procesos de transformación.


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