En esta ilustración, una chica se abraza al reflejo que le devuelve la pantalla de su móvil. No es un gesto de amor propio, sino de búsqueda.
De una identidad que se construye en el brillo de una superficie, frágil, necesitada, expuesta.

Byung-Chul Han dice que “los selfies son superficies hermosas de un yo vacío y completamente inseguro”.
Aquí, el cuerpo intenta sostener lo que no puede tocar: una versión de sí misma que solo existe mientras es mirada.
Una escena íntima y silenciosa sobre la soledad contemporánea, el deseo de validación y el vacío que se disfraza de luz.


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